Elevar los hombros para proteger el cuello es el primer indicador físico que todos notamos cuando estamos estresados.

Con los hombros tensos no sirve respirar, ni hacer mindfulness, ni pensar. Los músculos hablan químicamente con el cerebro y en la respuesta de estrés están pidiéndonos salir corriendo.

Es fácil de neutralizar y todos lo podemos hacer en cualquier situación y en cualquier lugar; simplemente coloca los «hombros lejos de las orejas».
Este gesto tan sencillo tiene un efecto inmediato sobre la postura de la espalda. La columna se endereza y se abre el pecho.

Al cambiar a una postura erguida, la actitud también se modifica en un segundo; de estar arrugados pasamos a sentir confianza.

La explicación de la ciencia.

– Según la neurocientífica Nazareth Castellanos, “el cuerpo sabe lo que la mente aún no se ha dado cuenta”.
Es la mente la que interpreta constantemente la postura del cuerpo”.

Si estamos encorvados, con los hombros tensos o vencidos hacia adelante, la actitud que lee nuestra mente es la de debilidad. Esta lectura afecta inmediatamente a la química del cerebro.

Una postura física de vulnerabilidad le exige al cuerpo una respuesta de estrés y libera cortisol, la hormona de la huida o el ataque.
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Al hacer el gesto «Hombros Lejos de las Orejas», se relajan los hombros, la alerta de estrés desaparece, y la lectura del cerebro es la de confianza y seguridad.

Si la mente lee que nos sentimos seguros, el cerebro responde con la química de bienestar apropiada que reduce el nivel de cortisol.

El cuerpo es el aliado de la mente.
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Para aprender a gestionar el estrés en las empresas, propongo «fabricar una pausa de serenidad.»

Con las tres herramientas que todos tenemos de serie: el cuerpo, la respiración y la mente. Realizamos tres acciones directas sobre los síntomas físicos del estrés que todos podemos notar.

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(Ilustración de Seve Ruiz Puebla)