Quisiéramos que estas fiestas fueran pura alegría en familia, con amigos, alrededor de una mesa perfecta.

Pero las Navidades son una enorme fuente de estrés.
El máximo pico anual de infartos se produce en este periodo.

Recordemos que el estrés pone nuestro cuerpo en modo huida o lucha y a la mente en modo irracional.

Algunos factores que producen estrés en estas fechas:

– Tenemos un calendario social tremendo que nos cuesta cumplir, o por el contrario nos sentimos muy solos. La soledad es uno de los factores que más angustia produce.

– El recuerdo de las personas que no están ya. No tenemos el ánimo para celebrar nada, pero nos vemos obligados a participar de una alegría que no sentimos.

– Pasar tiempo con la familia no es fácil. Se produce un efecto curioso: si volvemos a la casa de nuestros padres, padecemos una especie de regresión.
Se instalan los roles antiguos con padres y hermanos y que gobiernan nuestro comportamiento, creando conflicto con quienes somos ahora.

– Estamos obligados a convivir con personas que nos irritan. Que encienden la polémica con ataques, reproches o comentarios irónicos.

– Tensión financiera. Podemos sentir que hemos gastado demasiado, o que no tenemos suficiente para afrontar todo el gasto.

– Curiosamente las luces navideñas nos estresan y mucho. Nuestro cerebro sufre en ambientes oscuros con luces brillantes y más si son intermitentes.

– El sesgo de optimismo y planificación de nuestro cerebro, que nos la juega. Preparar la ensalada lleva más de “un momento”.

– La expectativa de perfección. La realidad es desordenada y caótica y se empeña en que lleguemos tarde, que se enfríe la cena, que los niños griten.

– Para “gestionar” esta tensión, solemos beber alcohol de más y comer de más. Esto sólo nos hace sentir peor.

Como sabéis el estrés nos desconecta de nosotros, pero también de los demás.

Es una pena, porque justo participar de un grupo de personas reunidas con el objetivo de disfrutar, debería conectarnos.

Y esta sensación de conexión, seguridad y amor es la gran fuente de oxitocina, la antagonista del cortisol que es la hormona del estrés.

Para conectarte, recuerda que puedes identificar el estrés en tu cuerpo. Así simplemente puedes decirte:
-«Vale, estoy estresado, no quiero reaccionar.» Reconocer esto ya alivia mucho.

Si quieres tener la fiesta en paz, te propongo fabricar una pausa de serenidad:

– Hombros Lejos de las Orejas
– Inhalación amplia, exhalación lenta
– Evocación de un momento feliz.

En lugar de contestar de mala manera, o levantarte de la mesa, o cualquier otra reacción de la que luego puedas arrepentirte, tienes la opción de parar un momento y elegir tener paz en lugar de tener razón.

(Yo recuerdo contestar siempre a una persona muy conflictiva: “Puede que tengas razón”) 😉

#gestióndeEstrés
#pausadeserenidad
#rrhh

Fuentes:
Dean Burnett, neurocientífico. Universidad de Cardiff.
Autor de “El cerebro idiota”
Emma Seppälä, Ph.D. Investigación de Compasión y Altruismo. Stanford. “La estela de la felicidad”.