El duelo y la felicidad modifican físicamente el corazón.

El corazón y el cerebro se comunican mediante hormonas y son las emociones las que las regulan: desde la cardiomiopatía de Takotsubo producida por sobredosis de adrenalina a causa de un gran dolor emocional, al reposo cardiaco inducido por la oxitocina que genera el bienestar.

En el capítulo II «Latidos», de la serie documental «Dentro del cuerpo humano» en Netflix, se describe científicamente el «síndrome del corazón roto», sus graves efectos cardiológicos, y cómo con interacción social positiva se puede revertir y «sanar» ese corazón.

El dolor después de la muerte de un ser querido, o la ruptura de una relación romántica, afecta a las células cardiacas debilitándolas pero no las lesiona irreversiblemente. El corazón tiende a autocorregirse cuando el estado emocional vuelve a la normalidad.

Así como la adrenalina generada por el estrés emocional puede dañar las células cardíacas; la oxitocina, su antagonista química, la «hormona del amor», hace que el corazón entre en reposo.

Si piensas por ejemplo en cómo te sientes cuando abrazas a un amigo, cuando te sientes bien contigo, cuando consigues un logro, cuando haces lo que te gusta, estás liberando oxitocina que va directa al corazón y ralentiza su latido.

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La evocación de un momento feliz es la acción más eficaz para segregar oxitocina y neutralizar el efecto negativo de la adrenalina.

Si lo acompañas con el gesto «Hombros Lejos de las Orejas» y una inhalación amplia seguida de una exhalación lenta, habrás creado una pausa de serenidad en un instante. ¡Prueba!
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