Todos los años me gusta empezar con este mantra del personaje Yoda: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”.

Nuestro cerebro no ve ninguna recompensa en conseguir algo que esté mucho más lejos que el alcance de nuestro brazo.

Por eso no nos movemos aunque nos encantaría ver a nuestro yo del futuro, delgado, fuerte y hablando alemán fluidamente.

Si cambiamos la palabra propósito por determinación, podemos aterrizarla en lo cotidiano.

Esa determinación es la que pone en marcha el circuito dopaminérgico, el de la recompensa, el que repite las conductas que proporcionan placer.

Loretta Breuning explica que la dopamina sólo se segrega cuando hay una expectativa de éxito inminente.

Si tengo la determinación de comer menos, inmediatamente  el cerebro me recompensa con dopamina cuando hoy me sirvo una porción más pequeña.

El circuito de la dopamina es muy adictivo.
Nos habituamos a la dosis diaria, así que hoy decido otra acción al alcance de mi mano: me serviré otra cantidad reducida de alimento, o saldré a correr cinco minutos o aprendo tres palabras en alemán.

Es la expectativa de éxito la que nos pone en marcha.

Pero si sólo nos decimos que lo vamos a intentar, siempre puede pasar algo que lo impida; puede llover, puede que esté muy cansado o que tenga mucho trabajo.

Intentar es una palabra tramposa que nos permite abandonar.

Pero tenemos que tener en cuenta otro aspecto muy humano en la consecución de objetivos, y es que el camino del logro no es lineal, el progreso se da en una curva inicial que puede desanimarnos.

El aprendizaje, la pérdida de peso o ganar fuerza, son procesos acumulativos. Puede que durante semanas o meses, no veamos el resultado que esperamos; parece que los cambios no funcionan y aparece el “abismo de la desilusión”.

Pero es justo ahí donde debemos cambiar el enfoque: estamos equivocados, el éxito en lo humano no es una línea recta ascendente, es una curva en la que parece que no pasa nada hasta que de repente, pasa. Y si persistimos, pasará.

La teoría de James Clear es que hacer a diario un poco, sólo el 1% del objetivo, es la manera garantizada de conseguirlo.
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Te propongo «fabricar una pausa de serenidad» para pensar y decidir tus “determinaciones de año nuevo”. 🙂
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Fuentes:
Loretta Breuning, PhD Autora de «Hábitos de un cerebro feliz»
James Clear Autor de «Hábitos atómicos». Hacer a diario un 1% de un objetivo es la manera segura de conseguirlo.
@George Lucas. Director y guionista. Creador del personaje Yoda.

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#1%